Cuento circular

Cuento circularEnojado subo la extenuante escalera y cierro con fuerza la puerta del dormitorio. Un golpe que espero retumbe y te haga reflexionar.

Me desvisto y rápidamente me acuesto. Estoy tan sólo en esa habitación que mi necesidad de vos evapora mi encono.

Me levanto mascullando, abro la puerta y la dejo entornada, como señal de armisticio, por si decidís entrar.

Voy a leer mientras volvés. Tomo el libro y lo abro en la página cuya punta está doblada a modo de señalador. No entiendo nada, no encuentro el hilo de la trama. Retrocedo unas tres páginas y tampoco. Con fastidio busco el pliegue de hoja anterior, que todavía se nota. Ahora sí; engancho y sigo leyendo. Cada dos o tres páginas miro hacia la puerta esperando verte entrar. Cuando llego de nuevo a la primera marca, tengo tanto sueño que allí lo dejo y apago la luz. Al fin me duermo esperándote.

He dejado sin querer las cortinas abiertas. Al despertar me encuentro con esa luz gris y fría de los días nublados, son tantos ya que casi no recuerdo los colores. Formo en mi mente la imagen de una rosa, de un crisantemo, pero es inútil los veo como a través de lentes para el sol.

Te busco en tu lado de la cama pero mi mano sólo siente la manta fría ¿Seguís enojada? ¿Por qué? Hace años que representamos estas pequeñas rencillas. Son nuestros chispazos de independencia dentro del compañerismo que compartimos. La falta de tu calor me da más frío, me visto rápidamente y me cubro de lanas para entibiarme. Tendríamos, como todos los días, estar abrazando nuestros esqueletos; tan poca carne nos queda… Yo peinaría con cuidado tu pelo, acariciaría tus preciosas orejas y masajearía tu cálido cuello. Me doy cuenta que lo disfrutás, entrecerrás los ojos y te entregás al ensueño del puro deleite. Sin embargo, hoy no ha podido ser. Me arrepentiré de cualquier crimen que quieras endilgarme; sólo quiero estar con vos.

Salgo de la habitación y te llamo. Reviso los demás dormitorios. Mis pasos resuenan sobre los pisos de madera y su vacío me devuelve el eco de mi soledad.

Me dirijo luego a la cocina y preparo nuestros desayunos; al tuyo te lo dejo allí, preparado, para cuando decidas perdonarme. Con el mío me instalo en el jardín, único lugar donde espero encontrar algo de vida y colores que alivien el peso de esta losa gris que me aplasta.

Alguien toca el timbre. Mucho después me doy cuenta de que no insiste.

Me han visitado mis padres, como otras veces. No me preocupa, el doctor me advirtió que mi memoria estaba rara. Mi mamá estaba charlatana como siempre, llena de energía en ese lindo vestido amarillo, extrañamente a ese vestido estival no lo afecta el gris del ambiente ni el frío. Charlamos durante horas de ellos ya que de mí últimamente no recuerdo nada.

Se nos pasó el mediodía, los invito a almorzar y aceptan encantados. Cuando la pizza ya está caliente, la saco del microondas y la llevo. Se han ido ¡Qué lástima! Me sirvo una porción y la empiezo a comer entre soplidos por lo caliente que está.

Algo le pasa a mi tiempo. El llamado del teléfono a lo lejos, me irrita. La segunda porción está helada y el sol se ha puesto. Prendo algunas luces cálidas en el living y me entretengo con música lenta. Enciendo la chimenea y escucho los tacos altos que bajan la escalera, Julia bella y cautivante con su vestido verde que realza sus ojos que chisporrotean con el fuego. Elegante, su única joya es un sencillo y pequeño collar de perlas que enmarcan ese cuello perfumado. Al instante nos reconocemos cómplices y empezamos a bailar…muy despacio, mejilla a mejilla. La atraigo hacia mí y beso con dulzura esos labios queridos sobre la palma de mi mano derecha. La sensación persiste unos instantes más,  trato de beberlo todo antes de que parta. Sin ni siquiera un adiós oigo sus pasos que se alejan sin razón. El silencio me agobia y estoy cansado. Apago y cierro todo, llevo las sobras a la cocina. Me encuentro, incrédulo, con tu desayuno intacto  — ¡Sos una desagradecida! El alimento para gatos más caro y ni siquiera lo miraste — te grito mientras lo regreso a la bolsa siempre llena— Mañana te voy a dejar arroz, a ver qué te parece.  Esta noche ni vengas a hacerme mimos, sos una malcriada, más que gata parecés zorra— te amonesto mientras enojado subo la extenuante escalera y cierro con fuerza la puerta del dormitorio.

 

Carlos Caro

Paraná, 07 de junio de 2013

Descargar XPS: http://cort.as/D2Rt

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s